El extraordinario personaje público que es Nayib Bukele acrecienta exponencialmente su popularidad entre las personas trabajadoras, honradas, dignas, pensantes, humanas, racionales y consecuentes que habitan los pueblos del mundo.
El presidente Bukele, ha demostrado conocer la naturaleza humana del crimen lo suficientemente bien como para transformar -en apenas 3 años- al país más peligroso del mundo en uno de los más seguros del planeta. Algo que debe ser reiterado muchas veces porque cuando las personas pasan a vivir una nueva realidad de paz, seguridad y armonía, se empeñan en olvidar el temor, la zozobra, el miedo y brutalidad del infierno en el que vivían.
El presidente de El Salvador, también ha demostrado que el sentido común es el principio que fundamenta los equilibrios de la coexistencia entre el bien y el mal; que el sentido común está sostenido en la lógica y la coherencia, en la interpretación inequívoca de lo que es el bien común y en la comprensión de cuáles son los merecimientos, beneficios y responsabilidades de la civilidad dentro de una sociedad libre y democrática.
Los derechos humanos -en términos de la responsabilidad civil- tienen distintas categorías y a cada quien le corresponde, cualitativa y cuantitativamente, la clase de derechos que se ha ganado y, por ende, la cantidad de ellos que se merece.
Quienes asesinan, violan, destruyen vidas, atormentan la existencia de los demás, abusan y flagelan a los más débiles e indefensos, ya sea por maldad, avaricia o por gusto, tienen extremas consecuencias con el nivel de sus derechos humanos. De hecho, estos criminales, han consumido todos sus derechos en iguales proporciones a los que les arrebataron cruelmente a sus víctimas.
